Padres, videojuegos y valores
En general, hemos hablado de cómo los videojuegos pueden ser herramientas de aprendizaje para los niños. En esta entrada intentaré abordar algunos aspectos que considero importante que deben ser tenidos en cuenta por padres y apoderados, para potenciar un buen uso (tanto un uso en general, como un uso educativo) de los videojuegos (pues no podemos dejarle toda la responsabilidad a los docentes).
Considero imprescindible que los padres conozcan los juegos a los que juegan sus hijos. Los padres ostentan una gran responsabilidad en relación con los contenidos a los que quieren que estén expuestos sus hijos. Actualmente, los videojuegos abarcan un amplio abanico de temáticas, muchas de las cuales podrían no ser consideradas adecuadas por los padres. Y no hablo sólo de videojuegos violentos (y dicho sea de paso, actualmente no se ha podido discernir si existe algún tipo de relación entre videojuegos violentos y conductas violentas). Hay muchas otras cosas que pueden entrar en pugna con los valores que los padres quieren transmitir a sus hijos. Por ejemplo, sexualidad y adulterio… verbigracia: esto.
En este sentido, existen sistemas que clasifican los videojuegos de acuerdo a su contenido. Conocer esto puede ser de mucha utilidad para los padres inexpertos en el mundo de los videojuegos. En América se utiliza el sistema de clasificación ESRB, y en Europa el PEGI. Otra alternativa es preguntarle al vendedor respecto del contenido del producto que se está comprando. Sin embargo, no creo que las clasificaciones sean suficientes. Es necesario concientizar a los padres respecto de la importancia que tiene conocer los juegos a los que juegan sus hijos. Las clasificaciones por si solas no creo que sean suficientes para que los padres comiencen a interesarse por lo que hace su hijo. Es la misma lógica de poner contra propaganda en las cajetillas de cigarros: a nadie le importa. Por lo mismo, intentaré aventurar un argumento.
Bueno, una vez que los padres han establecido cierta familiaridad con los contenidos que podría incluir un videojuego, creo que están en condiciones de evaluar qué juegos quieren que sus hijos jueguen. Prefiero enmarcar esta discución dentro de un tema valórico. Como mencioné más arriba, no está muy claro si la violencia (o incluso otros contenidos que puedan tener los videojuegos) tengan un efecto en los niños. Lo que sí creo que pueda pasar es que ciertos juegos promuevan o exhiban valores que puedan entrar en conflicto con los valores que los padres quieren transmitir a sus hijos. Por lo mismo, creo que si un padre no quiere que sus hijos jueguen ciertos juegos, debe ser capaz de explicarles por qué. Me parece que la prohibición o el uso del control parental que las consolas de última generación permiten no son suficiente. En un sentido estricto, los padres no tienen una base sustentable para decir que el juego en cuestión puede causarle mal a su hijo o hija, por lo mismo, lo que podemos esperar es este desajuste entre valores que se pretenden enseñar y valores expuestos. Entonces, es necesario que se converse con los hijos y se intente llegar a algún tipo de solución respecto de qué juegos se jugarán en la casa y con qué restricciones. Esta solución debería considerar a ambas partes. Si sólo se prohiben o se bloquean sin aviso, sin quererlo se estará promoviendo una forma autoritaria de relacionarse (donde el que tiene menos poder -en este caso los hijos- deben acatar simplemente). Por otro lado, si se deja que el niño haga lo que quiera, se estaría promoviendo una forma permisiva de relacionarse (lo que también podría traer consecuencias poco deseadas), esto puede dificultar el establecimiento de límites, y por consiguiente la internalización y cumplimiento de reglas.
Obviamente, todo esto está condicionado a la edad del niño o niña. Cuando son muy pequeños es mucho más sencillo simplemente disponer qué se juega y qué no se juega en la casa. Pero conforme van creciendo, es necesario ir instaurando la discusión en torno a los contenidos de los videojuegos y cómo se relacionan con los valores del hogar.
En síntesis, si un padre considera que un videojuego no es adecuado para sus hijos, pues éste atenta en contra (o conflictuan) de los valores que quiere que estos aprendan, las medidas que debe tomar para que su hijo no juegue al juego deben ser coherentes con los valores que prentende enseñar. Quitarle un juego a un niño sin avisarle ni darle explicaciones es algo psicológicamente bastante violento… y si usted le quitó el juego porque era violento… bueno, ya me entienden.
